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Esta es la nueva moda de los derechos de autor, día a día crece

Esta es la nueva moda de los derechos de autor, día a día crece

Se ha puesto de moda tener manager, o productor, o editor, decir “he firmado un contrato”. Pero yo me pensaba mucho el echar ningún garabato sin meditar e informarme bien acerca de lo que estoy firmando. Entiendo que uno se ilusione (yo lo haría y lo he hecho alguna vez.), así que no les pido que no firmen, lo que aquí trato simplemente es denunciar una abusiva y estandarizada forma de actuar, es decir, informarles.

En esos momentos es normal sentirse el más afortunado del mundo. Se le promete el oro y el moro y se establece una fé ciega en esa “buenísima persona” que nos ha elegido entre tantos. Habrá excepciones, claro está, gente honrada, pero me limito a los hechos; de todas las veces que esto ocurre las pocas en que se cumplen todas las promesas tienen ahora nombre y apellidos, y todos ustedes escuchan sus discos en casa. No digo nada nuevo, todos los que nos movemos en estos ambientes sabemos algo o conocemos a alguien que haya tenido problemas, me limito a contarlo, sabiendo que no lo hace nadie porque es tirarse piedras sobre su propio tejado. Seguro que no cae en vano este artículo aunque imagino las consecuencias.

He repetido hasta la saciedad que se juega con la ilusión de la gente, así que voy al grano porque creo que es algo muy importante. Hablar es fácil. Parlotear acerca del futuro poniéndote los dientes largos más aún. Incluso grabar un disco en condiciones es hoy en día facilísimo (que me lo digan a mí). Lo realmente complicado es bajarse de la nube y entender que un disco sin promoción no es nada. Y promoción no es que te busquen cuatro garitos para presentar tu trabajo, ni que toques en dos teatros y una vez en la radio.

Promoción es dejarse kilos y kilos en poner tu disco en todas las tiendas, con carteles y cartones promocionales, es cartelería a mansalva, publicidad en radio, prensa y televisión, emisión de los singles a todas horas, entrevistas y giras, buscar más esponsores. Y todo esto significa mucho, pero que mucho dinero. Y es que las promesas se acaban ahí en la mayoría de los casos y no entendemos que no sigan adelante con nosotros después de haberse gastado ese dineral en el estudio, los músicos y los arreglistas. Para muchas compañías y gente que trabaja en esto somos simple mercancía. Esto es un negocio y dadas las cifran que se manejan producirnos un disquito les es lo mismo que a nosotros invitar a café. No nos cabe en la cabeza ésto, pero es así. Aunque nos creamos (y no dudo que muchos lo serán) la hostia, que seamos grandes músicos y prometedoras estrellas. Si simplemente no es para ellos el momento o no ven continuidad no pondrán ni un duro más. Y es mala suerte, simplemente, porque por tener éxito lo tendría hasta yo si pusieran esas desorbitadas cantidades de dinero en machacantes promociones mediáticas. Ni siquiera hace falta ser genuino y crear algo nuevo, ya ven que copiando a otro con anterior éxito también se llega lejos. Jo, si me hubieran tomado a mí algún tema mío para la Vuelta ciclista, je, je. Es suerte, simplemente suerte.

Pero aún siendo grandes artistas e impresionantes creadores no es fácil avanzar. ¡Cuántos magníficos autores conocen a los que les hacen la putada de no promocionarlos y dejarlos en la estacada con estupendos discos grabados que sólo degusta su familia, amigos y algún afortunado que lo encuentra perdido en el Corte Inglés! Pero esos son una minoría, a muchos ni siquiera les graban nada, o peor, se lo graban mal y a disgusto, y ni siquiera te hacen una mísera copia o te dejan esos temas inservibles por mil y una estrategias legales. Sí, porque hay muchas artimañas y letras pequeñas. Es normal que algunos quieran retenerte en su poder por si algún día les vuelves a interesar o por si tienes éxito con otro poder reclamar su parte.

Vamos a explicar algunos pormenores y detalles para que todos estemos bien informados y así complicar la tarea de los abusadores y listos (no va por nadie en concreto). Estamos acostumbrados a vender nuestros propios cedés y llevarnos el porcentaje total, ya que hemos sido nosotros los que hemos creado esas canciones, interpretado, pagado el estudio, maquetado y fabricado cada disco. Pero todo cambia cuando es otra persona la que hace cada uno de esos trabajos a gran escala y nos permite alcanzar un reconocimiento y una trascendencia mediática mayor. Veo lógico (con tristeza), tal y como está el mundo, que quien pone ese dinero, quien hace esa inversión se lleve la mayor parte de los beneficios (incluso más que el propio autor). El tema está así, sin esa inversión seguiríamos vendiendo discos en nuestros conciertitos y nada más (que a muchos les daría más dinero que firmando con nadie), sin embargo, con esos medios venderíamos muchísimos discos más, por lo que ganaríamos también proporcionalmente más aunque no sea lo proporcionalmente correcto. Esta sociedad recompensa el mérito al riesgo y genialidad del negocio, no a la creatividad y originalidad de una obra de arte. No estoy diciendo que todo esto sea justo, sino que es lo que hay y a no ser que seamos reconocidas figuras que venden millones de discos nada hay que negociar.

Distingamos pues dos modos de sacar beneficio de la venta de un disco: la ganacia del cedé y los derechos de autor. Normalmente el autor se lleva nada o casi nada de la venta de su disco. De los diez o quince euros que valga le suelen tocar unos 30 centimos o menos quizás, pero siempre y cuando se vendan mas de 15.000, como indican los contratos. Ese dinero va para quien ha invertido en pagar el estudio, producir, replicar y fabricar el disco, promocionarlo y distribuirlo. Este señor o sociedad se llama Discográfica. El negocio es ese, por eso nos apoyan, si no sacaran dinero nadie lo haría por amor al arte, ya que saben que no les hablo de calderilla, sino de muchos millones de pesetas. Ahora bien, ¿cómo comprueba uno que vendió mil, dos mil o 14.999 discos para reclamar su porcentaje de ventas? El control de esas ventas lo lleva la misma discográfica, o sea, que salvo que realmente tus canciones exploten, estés sonando todo el día en las radios, y logres cierto “poder” (a fuerza de presencia en los medios y conciertos por doquier), no podrías exigir nada. No soy ave de mal augurio, sino realista.

De donde ganamos dinero los autores es de los derechos de autor, pero es un gran error el pensar que esos derechos son completamente nuestros. Me explico. Para descubrir una estrella, el cazatalentos (o editor, o manager o como quieran llamarlo) debe sacar provecho; para ello hace firmar contratos de exlusividad de por vida o temporales y “adquiere” parte de los derechos de autor de una o unas canciones (en la mayoría de los casos 50% a no ser que seamos un futuro Elvis). Este papel se llama Editor, es quien nos pretende representar, mover y negociar con quienes luego apuestan por nosotros. Si encuentra una discográfica potente co-edita, es decir, reparte su 50% con la editorial de la discográfica, que suelen tener sus propias editoriales. En el caso de fichar directamente con una grande también nos quitarían ese 50% de todos modos firmando con su editorial. A su vez, se suelen negociar esos derechos de tus posibles dos o tres futuros discos y de los temas que engloben, así que tantea para que te pillen lo menos posible. Resumiendo, que siempre vamos a tener de ganancia únicamente sobre el 50% de nuestros derechos de autor, por los que nos pagará la SGAE según la repercusión de nuestro trabajo en los medios (emisiones) y nuestras ventas de ejemplares. Por eso se llama SGAE; sociedad general de autores y editores, porque el dinero que recaudan de los derechos es siempre para los autores y los editores (nunca para uno sólo). Otro día explico especificamente cómo cobramos de SGAE por conciertos en vivo, emisión en radio, televisión, etc. y del asunto de los contratos de renuncia de dichos derechos.

Así que cuidado con firmar y ceder más del porcentaje razonable o acordarlo de por vida. Firma, pero si un editor te va a mover y buscar discográfica que lo haga en el compromiso de un año, por ejemplo, luego que rescinda el contrato y esas canciones sean tuyas completamente, porque si no estamos regalándole un beneficio gratis en caso de que algún día ganemos dinero de esos temas. Los derechos de autor son lo único con lo que podemos jugar. Y cuidado con firmar ceder los derechos de todos nuestros temas hasta la fecha o futuros (el famoso contrato de por vida). Apuesta, es un juego, siempre perderás el 50% de los derechos de tus temas, así que debes jugar con a quién se los entregues sin caer en trampas, eligiendo según las necesidades, colocando canciones estratégicamente para que el lanzamiento de unas tiren de otras y de tu carrera completa. Véase el ejemplo de Pedro Guerra y su tema Contamíname. Cede una canción y parte de sus derechos (aunque sigue ganando lo mismo que si lo interpretara él) y lo cantan otros, pero luego le abre puertas. Lo mismo sucede con recopilatorios y colaboraciones, cedes parte de tus derechos de autor, pero quizás la jugada te catapulte hacia el éxito, quién sabe.

Quizás un día tengamos suerte y nos permitan vivir de esto que tanto amamos. En fin, tened mucho cuidado, que nos puede tocar a cualquiera y hablo por experiencia propia. Todos hemos leído el famoso “Peleando a la contra” de Quique González, pero muchos se aferran a que no les pasará a ellos. Tristemente sí que pasa y sí le sucede a gente de la talla de Quique… ¿cómo no lo van a hacer con desconocidos como nosotros? Bueno, que tengan mucha suerte (o mierda como se dice) y no les toque ningún “manager” sin escrúpulos que les haga perder la ilusión. Espero de todo corazón que todo esto le sirva a alguien. Saludos y besos.